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sábado, 13 de abril de 2013

Funcionarios poco motivados

MOTIVACIÓN LABORALEL CONFIDENCIAL. Jorge es ingeniero de caminos y funcionario del Ministerio de Fomento. Aprobó las oposiciones para ingeniero del Estado en 2004, en pleno boom de la construcción, “cuando nadie quería ser funcionario porque se cobraba poco”. Desde que empezó a trabajar le han bajado el sueldo un 25%. Reconoce que no se puede quejar, pues tiene un futuro estable del que no gozan ninguno de sus compañeros de promoción. Pero hay algo que le saca de quicio: que todo el mundo piense que se toca las narices.

“Los funcionarios estamos viviendo una auténtica caza de brujas”, explica Jorge. “Estamos saliendo en todos los titulares. Dicen que es justo que se nos baje el sueldo, que nos van a poner un control horario, que tenemos que trabajar 37,5 horas porque somos unos privilegiados… Yo siempre he tenido control horario y siempre he trabajado 37,5 horas. Todas estas medidas ya estaban [se aprobaron en 2007, en la reforma del Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP), que firmó la mayoría de sindicatos] pero ahora se saca a la luz y dicen, 'fíjate todo lo que estamos haciendo para que el vago del funcionario empiece a trabajar, que ya va siendo hora”.

Al final, Jorge llega un día a casa de su madre y esta le dice:
–“Ya era hora de que los vagos de los funcionarios moviesen un dedo”
–“Madre, que yo soy funcionario”– le recuerda su hijo.
–“Bueno sí, pero tú ya sabes, Jorge, que sois unos vagos”.

No puedes movilizar a la gente contra los funcionarios si no creas una imagen distorsionada de ellos Para Miguel Martínez Lucio, profesor de derecho laboral de la Escuela de Negocios de Manchester, el discurso antifuncionariado de España es una copia directa de los discursos antisindicalistas de Thatcher en los años 80: “Cada vez que hay una política de privatización y de cambio necesitas representar a la fuerza de trabajo de una forma muy determinada. Aquí pasó en los años 70: todos eran comunistas. No puedes movilizar a la gente contra los funcionarios si no creas una imagen distorsionada de ellos”. Una imagen que, tal como explica el profesor británico, parte de un concepto político, no económico y “no se basa en la realidad”.

¿Son tan vagos los funcionarios?
Según Martinez, el concepto del funcionariado genera multitud de problemas en nuestro país. Para empezar, es una figura que pocos conocen en realidad. En España se suele utilizar “funcionario” como sinónimo de “empleado público”, cuando solo una parte de éstos son realmente funcionarios (tienen un vínculo laboral permanente con el Estado) pero, además, sólo se ve como funcionario a los empleados de consejerías, ayuntamientos o ministerios que se dedican a la administración, y el discurso público, explica Martinez, va en función de esa figura.

La imagen colectiva del funcionario es la del señor que se pasa el día en la cafetería y, entre medias, sella un par de cartas. Al hablar o hacer chistes de funcionarios nadie piensa en el soldado que está en Afganistan, ni en un médico, ni en un ingeniero del Estado, piensan en la persona que está detrás de la ventanilla en la oficina de hacienda. “Se ha creado una ficción kafkiana del funcionario como una persona que no hace nada, cuando la realidad es muy distinta”, asegura Martinez.

Pero, ¿no hay nada de cierto en el tópico? La realidad es que casi todos los funcionarios conocen a alguien en su centro que hace poco o nada, y continúa en su puesto sin represalias aparentes. Jorge asegura que en su entorno “la gente trabaja mucho, muchísimo, mañanas, tardes y noches en muchos casos”, pero hay algunas personas que, en su opinión, deberían desaparecer de la función pública, porque no aportan nada y generan crispación en el entorno.

Casi todos los funcionarios conocen a algún compañero que hace poco o nada y continúa en su puesto En opinión de Jorge, que desde hace unos años es delegado sindical de la Federación de Asociaciones de Cuerpos Superiores de la Administración Civil del Estado –un sindicato que aglutina a los funcionarios de más alto nivel y que, en su opinión, “no está sirviendo para nada”– todo depende de lo que te guste tu trabajo y del cargo que tengas: “Los niveles que están por debajo, y no me taches de clasista, suelen ser más propensos al absentismo. Si una persona tiene un trabajo que no es apetecible, que está muy mal pagado, y del que no te pueden echar, puede ser más propensa, si es un poco vaguete, a estar en un café eterno”.

Si la mayoría de los funcionarios son conscientes de que tienen compañeros de este tipo, y sus jefes lo saben, ¿por qué no se les aprietan las tuercas? Jorge no puede entender por qué no se presiona más en este sentido: “Aunque no me quitasen la paga extra me molesta mucho la gente que no hace nada, porque se me queda cara de tonto. Yo trabajo y veo que el de al lado no trabaja, pero llega la nómina y gana más que yo por la antigüedad, los trienios y esas palabras que se usan para denostar a los funcionarios. No es cierto que no se pueda echar a un funcionario, se le abre un expediente y punto. Y a mí me encantaría que se abriera expediente al 5 o al 10 % de la gente”.

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