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lunes, 20 de mayo de 2013

´Es un sistema que fomenta las relaciones incestuosas entre funcionarios y políticos´

El profesor Boix alerta de que las reglas que consolidan los beneficios a los funcionarios propician la "domesticación"

LEVANTE. En un país el que los diputados con plaza en la Administración siguen percibiendo y acumulando trienios „la antigüedad por un puesto que no desempeñan y que en 2011 supuso, por ejemplo, a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría 1.771 euros adicionales a su retribución anual„, la confusión entre el mundo político y el funcionarial resulta patente. Lo que en su día se planteó como algo positivo, porque dotó a los gobiernos de personal formado y que conocía al dedillo la Administración, ha acabado teniendo también «efectos perversos», señala el profesor de Derecho Administrativo de la Universitat de València Andrés Boix. «Es un sistema que acaba generando muchas relaciones incentuosas entre políticos y funcionarios», añade, una situación a la que no es ajena el hecho de que las leyes las dictan cargos que al final vienen de la Función Pública o que están asesorados por altos funcionarios.
Así, al cierto descontrol en el acceso de la Función Pública, que tiene «muchas grietas», y a la capacidad del político de designar libremente a los que dirigen la Administración, no solo en los niveles directivos sino también en los técnicos, se suman «todas las reglas que consolidan los beneficios». En España el funcionario, con dos años, consolida el nivel retributivo de forma que «si eres dócil y obediente, la recompensa ni siquiera es por el tiempo en que mantengas esa actitud, sino que es de por vida». «El pago por los servicios prestados de docilidad es altísimo», enfatiza. Es un instrumento, apunta, que contribuye enormemente a la «domesticación» de determinado personal.
El modelo francés no es la panacea. El sistema, explica, «facilita extraordinariamente el paso de la Administración a la política»: A diferencia del resto de ciudadanos, cuyo salto a la vida pública tiene un peaje, en los funcionarios «todos son beneficios». «De forma que el modelo incentiva mucho el que un funcionario ambicioso acabe dedicándose a la política. ¿Y qué tiene que hacer para ello? Ahí es donde viene el problema: ser bueno y generoso con quien manda. Y una vez hecho eso va a conseguir consolidar sueldo, etc.», argumenta Boix.

¿Y esto no existe en Francia? Que nadie se llame a engaño, advierte el profesor Boix, para quien el modelo francés «no es la panacea» y tiene sus problemas, con una estructura de grandes cuerpos estatales que «tienen mucho poder y normalmente lo utilizan también en beneficio propio». Allí también operan mecanismos de este tipo, si bien en España es «más exagerado». «El diablo está en los detalles», comenta con sorna.

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