PUBLICO. Actualmente está en marcha el Anteproyecto de racionalización y sostenibilidad de la Administración local, una buena coartada con la que el Gobierno pretende debilitar el ámbito que acercaba a la ciudadanía los servicios públicos.
Hemos
llegado a un punto con los políticos en que hay que interpretar lo que dicen
con unas claves que desenmascaren las trampas con las que se puede encubrir la
verdad a través de las palabras. Los ciudadanos y ciudadanas tenemos que
defendernos de estas agresiones identificando lo que se esconde y oculta tras
los discursos normalizadores, naturalizadores y simplificadores. Apelar a la
racionalización, a la sostenibilidad o a la eficiencia de los servicios
municipales nos lleva a interpretar y tratar de traducir la verdadera
motivación que se esconde tras el uso de estos términos: la privatización y
venta de todo lo que pueda ofrecerse a los intereses del mercado. Este es el
caso de los Servicios Sociales, más necesarios que nunca en un contexto de
crisis como éste pero, actualmente, amenazados de traspaso a las Comunidades
Autónomas sin financiación, lo que los puede dejar en una gran situación de
vulnerabilidad. Esta situación la aprovecharán las grandes empresas dispuestas
a hacer negocio con las necesidades sociales y las organizaciones
benéfico-asistenciales ligadas a la Iglesia, una institución cada vez más
protegida por los Gobiernos del Partido Popular.
Con
esta reforma se pretende aprovechar también la ocasión para precarizar los
salarios de los empleados municipales, recortando su complemento específico. Ya
se ha anunciado en los medios de comunicación que se llevará a cabo en el
Ayuntamiento de Madrid, lo que afectará a 29.000 empleados públicos de la
capital.
Hay
muchas diferencias en el diseño, orientación y gestión de las políticas entre
Comunidades Autónomas, no sólo en los complementos específicos de sus empleados
públicos municipales. Los referidos complementos no se pueden homologar,
teniendo en cuenta que están relacionados con la dificultad, dedicación,
especialización o peligrosidad de cada puesto. Este concepto salarial, además,
es con el único con el que han podido negociar los sindicatos para defender
unos salarios dignos de estos empleados a lo largo del tiempo. Disminuirlos
ahora más, cuando ya han sido recortados en estos últimos años, supone un
atentado a su dignidad.
Desde
la economía crítica se ha señalado muchas veces los bajos salarios que arrastra
este país y el estancamiento que sufren los salarios reales desde hace muchos
años como consecuencia de su punto de partida y del aumento del coste de la
vida. Una vez más, la medida que ahora se pretende está cargada de ideología,
ya que forma parte de la estrategia del poder político para debilitar el ámbito
municipal; en este caso, hostigando y debilitando a los empleados municipales.
Todo ello supondrá un pequeño ahorro en el gasto público, pero sobre todo es un
paso más en el adelgazamiento de todo lo público. Con ello, se quiere debilitar
también la capacidad de respuesta política tanto de los empleados, que cada vez
están más en el punto de mira del gobierno, como de los ciudadanos, que tendrán
mucha más dificultad para participar en la vida pública y para exigir sus
derechos.
El
verdadero ahorro se conseguiría si se pusieran los medios para reducir las
plantillas municipales creadas artificialmente con puestos de confianza (no con
empleados públicos) por algunos alcaldes megalómanos, tal como hizo Alberto
Ruiz Gallardón en el año 2.004, cuando decidió aumentar exponencialmente la
estructura municipal madrileña para que fuera un nicho de colocación de sus
amigos de la Comunidad de Madrid (en el origen de su mandato al frente del Ayuntamiento
de la capital) y ahora, de cualquier miembro del Partido Popular. Son muchos
los puestos que se han conseguido a través del procedimiento de “libre
designación”, un modo opaco que evita la valoración objetiva de méritos. Ahí es
donde se encuentra el verdadero “agujero” económico de los gastos de personal,
ya que precisamente estos cargos tienen la masa salarial más alta en el
escalafón de los salarios municipales públicos.
Se
pueden establecer medidas homogeneizadoras con ciertos criterios de cara al
futuro, pero aprovechar la actual coyuntura de crisis económica para atacar a
los funcionarios y otros empleados públicos con la justificación de buscar una
mayor equidad entre los empleados de las distintas Comunidades Autónomas
igualando a la baja dichos salarios, supone un verdadero ataque a los derechos
de quienes están sirviendo a la administración municipal. Primero se les
criminaliza tachándoles de vagos e ineficaces, y ahora se justifica su
precarización salarial, transmitiendo que muchos de ellos ganan demasiado
dinero.
No olvidemos, en fin, que disminuyendo los salarios se está
apoyando la pérdida de poder adquisitivo en las futuras pensiones, lo que
pondrá en riesgo a este colectivo de servidores públicos pero beneficiará —sin
duda— a las grandes compañías aseguradoras de pensiones.

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